Los adornos del festejo de la busqueda de miembros para la Liga de Expedicionarios, ya no colgaban de fachadas y balcones. La ciudad de Vianda no mostraba señal del mal liberado en Guldar.
Cansados del viaje, con la moral baja, y algo apesumbrados tomaron el camino al castillo, el rey Richard debería saber lo acontecido.
Sin embargo la convocadora vio una tienda, con adornos dorados, bien iluminada y que la tentaba en el camino. Los demás extrañados solo veían una tienda polvorienta y cerrada hace años y con aparente intención de derrumbarse en un futuro próximo.
Aun así ella entró y desapareció, por lo que el resto la siguieron.
Allí un extraño comerciante les ofrecía cualquier cosa que necesitaran comprar o vender, a un precio exorbitado para sus actuales bolsillos.
La convocadora creyó que era una criatura por lo que trató de controlarlo a su servicio, pero al ser una invocación falló. Se presentó como "El Vendedor" un aeon (algo de categoría similar a un dios), y que la convocadora le había mostrado que los tenía buen puestos y selló un pacto con ella allí mismo. Aun así avisó que solo aparece a la llamada si le apetece, y nunca dos veces en un tiempo breve.
Tras salir de su tienda (y que esta se esfumara) fueron al palacio. Los guardias les dejaron pasar sin obstáculos de ningún tipo. Pues para algo eran expedicionarios al servicio directo del rey.
Con la única excepción de el último guardia, que custodiaba la puerta de la sala del trono. Según él, el rey estaba con dos chicas en faena y no debía ser molestado.
El grupo se extrañó, pero se identificaron y mandaron a ese guardia buscar a la mano del rey mientras ellos iban pasando, que sus asuntos eran urgentes.
Verdaderamente estaba en faena con dos chicas; y dos rodajas de pepino en la cara mientras le hacían la manicura...
Timoteo aprovecha para decir que lo vivido le ha hecho llegar a su límite de vivencias desagradables en su vida. Por lo que le ofrece su puesto de miembro activo a la convocadora, y él pasa a segundo plano en la liga.
Entregan los recibos a Mark, y cobran su sueldo 100 oros cada uno más los 40 por los recibos. Mientras ponen a la corona al día, la nueva solo tiene la brillante idea de invocar a una gran bestia para sellar el pacto, en la misma sala del trono...
La gran bestia (Huginn y Muninn, Ojos de Cuervo) le exigen un ojo a cambio de su poder. Ella acepta, y como no tiene valor para arrancárselo sola, se lo pide a su familiar... el cual luego mientras ella grita tiene que oír como le llama de todo por el dolor (pobre, lo que le queda aun). El rey casi se desmaya por la visión de la sangre, pero luego acaba haciendo un parche bordado para que se tape eso. El clérigo puede curarle el ojo (y poner uno nuevo, de hecho) pero se niega hasta que no se gane el favor de su dios.
El consejero les entrega las llaves del fuerte abandonado de la liga, (está en la misma ciudad) y se llevan a los bárbaros como guardianes (menos dos que fueron al orfanato del clérigo para traer a todos y tenerlos a salvo y que puedan ser entrenados, y con los costes que los paga el rey).
El cuartel (que llevaba casi dos siglos sin uso) está en mal estado, investigaron un poco y un pobre demonio había quedado en el sótano encerrado.
El cual les dio bastante guerra, todo sea dicho. Pero supieron (por un diario de un cadáver cercano), que el último habitante del cuartel lo usaba para probar sus poderes de invocación, y por lo visto la última no salió bien.
Hablaron entre ellos y acordaron que el siguiente lugar para investigar ruínas sería el reino de Arui.
Tras la partida algunos jugadores y yo comentamos la opción de usar Peanas de madera con las imagenes de los enemigos y de los jugadores pintadas (impresas) para los combates.
Ps´S esta sesión: 10.
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